La Transformación Digital: de una oportunidad a una necesidad para la pymes

Justo antes de que estallara la crisis económica provocada por la expansión de la pandemia del coronavirus, planteaba la Transformación Digital como una gran oportunidad para Menorca y sus empresarios de superar, no tan solo el aislamiento físico que conlleva la insularidad, sino también el aislamiento mental propio del carácter insular.

Sin embargo, a los desgraciados efectos sobre la salud de las personas derivados de la crisis del Covid-19 hay que sumarle el efecto que la parálisis económica que el Gran Confinamiento está provocando sobre el tejido productivo, en general, y en las pymes y autónomos, en particular.

Bajo estas nuevas circunstancias, que en mi opinión han llegado para quedarse por mucho más tiempo del que nos pensamos, el hecho de abordar un proceso de Transformación Digital del negocio, que unas semanas atrás suponía una oportunidad para el tejido empresarial de Menorca, ha pasado a ser una necesidad imperiosa.

Entonces, ¿qué factores deberíamos considerar a la hora de cambiar nuestra actitud ante las tecnologías del e-business?

Factores que ayudan a explicar nuestra actitud ante las tecnologías del e-business

Desde que Marc Prensky acuñara en 2001 los términos “nativo digital” e “inmigrante digital” mucho ha llovido, y se ha escrito, en torno a los factores que nos pueden ayudar a comprender la actitud que adoptamos las personas ante las tecnologías y, en especial, ante la irrupción de Internet.

El profesor Prensky introdujo el aspecto generacional como uno de los factores explicativos de la “brecha digital” o “discontinuidad motivada, sin duda, por la veloz e ininterrumpida difusión de la tecnología digital, que aparece en las últimas décadas del Siglo XX”.  Podemos interpretarla como el desfase que existe entre la manera en la que abordan el uso de las tecnologías aquellos que han crecido inmersos en una sociedad tecnológica, a los que él llama “nativos digitales” (Tapscott ya se refirió a ellos en 1998  como Generación red o N-GEN) con respecto a aquellos que hemos nacido con anterioridad al aluvión de dispositivos tecnológicos que han irrumpido en nuestras vidas.

Al ir tomando consciencia de que la tecnología ha llegado para quedarse, los “inmigrantes digitales” nos vemos ante la necesidad y en la obligación de ponernos rápidamente al día, aunque aprendemos a utilizarla de forma muy distinta a cómo lo hace un nativo digital. A este fenómeno que Prensky denomina el “acento” del inmigrante digital, se puede apreciar, por ejemplo, en que “primero se lanza a navegar por Internet y a posteriori, se embarca en la lectura atenta de manuales para obtener más información y aprender. Esto es: en primer lugar se decanta por la práctica y luego por la teoría, que le permite sobrevivir”.

Personalmente, me siento totalmente identificado con esta afirmación. Pertenezco a esa generación que todavía primero se lee la guía de uso de cualquier dispositivo antes de enchufarlo, algo que ni tan solo se le pasaría por la cabeza a cualquiera de mis hijos adolescentes. Tal y como describe Prensky de forma muy gráfica, “los universitarios de hoy constituyen la primera generación formada en los nuevos avances tecnológicos, a los que se han acostumbrado por inmersión al encontrarse, desde siempre, rodeados de ordenadores, vídeos y videojuegos, música digital, telefonía móvil y otros entretenimientos y herramientas afines. En detrimento de la lectura (en la que han invertido menos de 5.000 h), han dedicado, en cambio, 10.000 h a los videojuegos y 20.000 h a la televisión, por lo cual no es exagerado considerar que la mensajería inmediata, el teléfono móvil, Internet, el correo electrónico, los juegos de ordenador… son inseparables de sus vidas”.

Por tanto, la edad es un factor clave a la hora de analizar la actitud que adoptamos las personas al enfrentarnos a la tecnología, y así lo reflejan los estudios que abordan esta cuestión. Junto con la edad, otros factores que habitualmente se tienen en cuenta como indicadores de la actitud que adopta la población de un país o región podemos citar, además, de las franjas de edad, las variaciones en los niveles de renta familiar, las diferencias en los niveles de desarrollo profesional y las zonas de residencia, entre otras variables.

El lugar de residencia determina el uso que hacemos de la tecnología en el trabajo

Aquí voy a referirme a un aspecto interesante que analiza el estudio sobre el “Perfil sociodemográfico de los internautas”, que realiza el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información (ONTSI), adscrito a la entidad pública Red.es, a partir de los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes al ejercicio de 2018, en torno al uso realizamos los españoles de las TIC en el trabajo, en el cual se establece la zona de residencia, que en el informe del ONTSI se denomina “hábitat” como uno de los factores donde sí se detecta una diferencia relevante.

De esta manera, los datos ponen de manifiesto que la proporción de trabajadores que hacen uso de la tecnología en su trabajo es mayor cuanto mayor sea la ciudad donde residen. Sirva como ejemplo que más del 80% de los trabajadores que residen en poblaciones de más de 500.000 habitantes usan las TIC en su trabajo mientras que el porcentaje desciende drásticamente hasta el 33% entre quienes residen en pueblos de menos de 10.000 habitantes.

El «hecho insular» supone un potente incentivo para abordar el uso de las TIC

A modo de conclusión, compartiría una reflexión que enlaza con este último aspecto del estudio del ONTSI al cual me he referido y con la contribución que puede jugar el auge de las TIC en el desarrollo de las zonas rurales o aisladas. Me refiero, concretamente, a aquellas zonas que forman parte de la “España vaciada”, concepto que estuvo muy presente en la última convocatoria electoral, y a los archipiélagos de Canarias y las Islas Baleares –como menorquín que soy, no podía dejar de referirme a las dificultades que comporta el “hecho insular” en el retraso en el acceso y en el desarrollo de determinadas tecnologías, como la fibra óptica que, cuando se produce, se realiza a unos costes muy superiores a los de la Península- Recurriría, en este punto, a las palabras de Jonathan Reynolds quien tras analizar el caso del Reino Unido señaló que: “Dado que los datos sugieren que existe la tendencia de que haya más y mejores opciones de acceso a Internet en los mercados de mayores dimensiones, lo más probable es que esos contrastes persistan, aunque hay evidencias de que los habitantes de zonas rurales pueden tener mayores incentivos, a igualdad de condiciones con el resto de la población, para entrar en el mundo de Internet y superar un tradicional aislamiento”.

Efectivamente, en el caso que más conozco, que es el de Menorca, esto se está dando así. A pesar del retraso con el cual los empresarios y emprendedores radicados en la isla accedemos a los avances tecnológicos más recientes, somos muchos los que hemos visto en las TIC una herramienta para batirnos en igualdad de condiciones con negocios situados en otras zonas y regiones del mundo con los cuales era impensable competir hasta no hace mucho.

Ilustracion diseñada por slidesgo / Freepik

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