Han transcurrido dos meses desde que se decretó el estado de alarma y aún nos cuesta a todos asimilar cómo un bicho tan diminuto ha sido capaz de alterar por completo nuestro estilo de vida, que por algo el ser humano es un animal de costumbres, mientras que andamos ocupados en buscar la manera de recuperar algo de nuestra libertad arrebatada a medida que nos permitan avanzar de una fase a otra de las establecidas en el plan del Gobierno de España para la desescalada.
A medida que la crisis sanitaria va remitiendo, las miradas empiezan a dirigirse hacia los efectos negativos que la pandemia va a provocar en nuestra economía. Las consecuencias sociales y económicas que empiezan a vislumbrarse nos muestran un panorama desolador para miles de trabajadores y empresas. Todos los agentes implicados van tomando consciencia de que la economía española va a ser una de las más afectadas por el impacto de la crisis debido a su alta dependencia del sector turístico, aspecto que se acentúa en el caso de las Illes Balears y de Menorca, en particular. A diferencia de otras veces en las que nos hemos visto favorecidos por el hecho que el turismo iba como un tiro, en esta ocasión va a jugar claramente en nuestra contra.
Desde un punto de vista sanitario, las estadísticas nos muestran a las claras que el colectivo más afectado ha sido el de las personas mayores. Aunque no resulten tan obvias, observo ciertas señales que apuntan a que, desde un prisma socioeconómico, el colectivo que lo va a pasar peor será el de los jóvenes pertenecientes a la generación Z tal y como ya le sucedió a la generación Y o también llamada de los jóvenes ‘millennials’ con el estallido de la crisis financiera de 2008.
Veamos, pues, cuáles son mis razones para realizar esta afirmación.
Con la crisis de 2008 se originó un éxodo al extranjero de jóvenes menorquines que aún perdura, a día de hoy.
Conforme a los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes al padrón de españoles residentes en el extranjero (PERE), a 1 de enero de 2020, cerca de 10.000 jóvenes entre 15 y 34 años de las Illes Balears están residiendo en un país extranjero. Esta cifra, que no ha dejado de crecer a lo largo de la última década, triplica prácticamente el número de los jóvenes que residían en el exterior en 2009, tras el estallido de la crisis mundial de origen financiero de 2008, lo cual nos da una idea de la magnitud del éxodo de personas que decidieron emigrar, la mayoría de ellas en búsqueda de una oportunidad laboral que las Islas no les ofrecían.
Un reportaje en torno al tema de Juventud y Emigración de la periodista Mercè Pons @pons_merce publicado en el Diario Menorca del 18 de noviembre, cifraba que la cifra de emigrantes menorquines con edades comprendidas entre los 15 y los 34 años (es la franja de edad que los expertos en juventud establecen como población joven) era casi de 800, a 1 de enero de 2018, y se había disparado un 171 por ciento en una década. Los principales motivos que esgrimía la periodista para explicar esta evolución de los jóvenes residentes en el extranjero eran: la búsqueda de oportunidades laborales, la mejora de la formación y la apuesta por avanzar profesionalmente.
Los jóvenes menorquines con estudios superiores pueden ver mermadas sus posibilidades de regresar a la Isla como consecuencia de esta nueva crisis
Me temo que la fuga de cerebros que ni la recuperación económica de los últimos años ha conseguido frenar, puede verse de nuevo acentuada a raíz del profundo daño que va a causar el Gran Confinamiento sobre nuestro tejido productivo, lo cual va a restar posibilidades a las personas con estudios superiores en una economía como la menorquina que ya de por sí ofrece escasas oportunidades a los jóvenes con talento.
De nuevo es Mercè Pons quien constata esta realidad en un reportaje para el mismo medio de comunicación publicado en Es Diari del 6 de enero de 2019 donde se hace eco de un encuentro de un grupo de estudiantes e investigadores menorquines con representantes de la UIB, el Govern de les Illes Balears y el Consell Insular de Menorca, que se han organizado para poner en marcha una plataforma que aglutine a los menorquines con estudios superiores que residen fuera de Menorca y que, en opinión de los impulsores de la iniciativa, Gemma Rotger y Lau Mercadal, estarían dispuestos a volver si se dieran las circunstancias adecuadas para desarrollar sobre el territorio la profesión para la cual se han formado. Si ampliamos la franja de edad hasta los 39 años, con lo cual englobaríamos a los nacidos a principios de los 80 y que podríamos considerar los primeros ‘millennials’, serían más de un millar los jóvenes menorquines residentes en el extranjero, según el Instituto Balear de Estadística (IBESTAT).
La fuga de jóvenes talentos provoca un palpable envejecimiento de la población menorquina durante la última década
Una de las consecuencias más preocupantes, y probablemente de las menos analizadas, derivada de la crisis de origen financiero de 2008 ha sido el envejecimiento de la población menorquina a lo largo de la última década, tal y como se observa en el siguiente gráfico.
Operación estadística: Padrón
Unidades: Número de personas
Fecha de referencia: 1 de enero del año correspondiente
Fuente: Institut d’Estadística de les Illes Balears (IBESTAT)
A simple vista se observan grandes diferencias entre la pirámide de edad de 2009 y la que corresponde a 2019, la cual se asemeja cada vez más a un rombo debido a la pérdida de población por su base. De esta manera, la pérdida de población joven con edades comprendidas entre los 15 y los 34 años ha sido en el período 2009-2019 de 5.546 personas. Si incluimos a la franja de edad de las personas de 35 a 39 años, el descenso de población menorquina que podemos considerar joven se aproxima a la escalofriante cifra de las siete mil personas, 6.900, para ser exactos.
Los jóvenes altamente cualificados deben abandonar la Isla cuando finalizan sus estudios superiores
Si analizamos lo que ha sucedido con la generación de los ‘millennials’, que en 2009 la formaban aquellos jóvenes con edades comprendidas entre los 15 y los 29 años, aproximadamente, vemos que una década después una parte muy significativa de la misma se decide a abandonar la Isla a medida que finaliza sus estudios de grado y máster. Si aceptamos que esta circunstancia suele darse entre los 25 y 29 años y que estas personas tienen, en la actualidad, entre 35 y 39 años, comprobamos como el número de los que tiene fijada su residencia en Menorca se ha visto reducido en 575 personas.
De hecho, los ‘millennials‘ no hacen más que seguir la estela de la generación X que les ha precedido y que la componen los nacidos a finales de los 60 y en la década de los 70, aquellos que mayoritariamente cursaron la EGB, para que nos entendamos. Este colectivo de menorquines que en 2009 tenía entre 30 y 44 años y lo formaban 25.340 personas, a día de hoy es tan solo de 23.663, o sea, que 1.677 de sus integrantes decidieron o tuvieron que fijar su residencia fuera de la Isla, lo cual representa el 6,6% del total.
Del gráfico anterior también se desprende que a medida que la economía menorquina iba recuperándose de la crisis de 2008, empezaron a surgir oportunidades laborales para algunos segmentos de la población más joven. Concretamente, vemos que durante esta década ha crecido la población entre quienes tenían entre 15 y 24 años en el inicio del período de recesión y se encontraban aún en su etapa de formación.
En otro artículo abordaré aquellos aspectos relativos a la calidad del trabajo que surgió de la crisis financiera que, como sabemos, se ha caracterizado por la precarización y la temporalidad del empleo lo cual ha dificultado, y mucho, las posibilidades de emancipación y de desarrollo de un proyecto de vida de nuestra población más joven.
¿Serán los jóvenes de la generación Z los próximos que se verán obligados a emigrar de Menorca por falta de oportunidades laborales?
Como padre que soy, mucho me temo que si no empezamos a ponerle remedio desde este mismo momento, va a resultar muy difícil que la economía de Menorca pueda ofrecer a la próxima generación de jóvenes talentos que va a surgir de entre quienes inicien sus estudios a lo largo de los próximos años unos trabajos acordes con el esfuerzo que van a tener que realizar.
La crisis del coronavirus debería suponer un verdadero toque de atención y debería impulsarnos a cuestionar seriamente los pilares en los que se sustenta nuestro actual modelo de desarrollo socioeconómico. Si algo de positivo está teniendo esta crisis es que está provocado una toma de consciencia por parte de la sociedad menorquina en torno a las oportunidades a nuestro alcance para desarrollar actividades económicas más respetuosas con el territorio y más acordes con nuestros valores.
Un cambio de modelo económico no es algo que pueda plantearse de la noche a la mañana. Requiere, en primer lugar, que realicemos un gran esfuerzo colectivo para compartir una visión de futuro que genere suficientes adhesiones como para diseñar unas estrategias y ejecutar los planes de acción correspondientes. En segundo término, debemos ser conscientes de la transición entre un modelo y otro nos llevará, al menos, una década.
En definitiva, los menorquines debemos ponernos en marcha de una vez por todas puesto que no podemos permitirnos el lujo como sociedad de perder otra generación de jóvenes talentos. Tenemos una responsabilidad ilimitada hacia ellos y debemos ser capaces de ofrecerles la posibilidad de trabajar en Menorca en aquellos campos profesionales con el potencial suficiente para transformar nuestro actual modelo económico.
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