El covid-19 frustra las expectativas laborales para 2020 de los jóvenes menorquines

El 2020 se presentaba bien para la economía menorquina. A principios de año, todo hacía pensar que estábamos en la antesala de la que iba a ser una buena temporada turística, en línea con las vividas en los últimos veranos.

Los datos del paro de Menorca correspondientes al mes de febrero mostraban un ligero incremento del 0,9% respecto del mismo mes del año anterior, pero nada preocupante. El aumento de la tasa de desempleo se centraba en el colectivo de los hombres mayores de 40 años (+5,5%) mientras que se producía un descenso entre los más jóvenes: un -0,7% entre los menores de 40 años y un esperanzador -2,3% entre las mujeres menores de 40 años.

Pero a mediados de marzo el escenario económico sufrió un vuelco nunca visto anteriormente por la mayoría de nosotros a raíz de la crisis sanitaria provocada por la irrupción de la covid-19. Tras unos momentos iniciales de gran confusión y desconcierto, normal, por otra parte, las autoridades optaron por decretar el Gran Confinamiento con el impacto que ello ha generado tanto en nuestras vidas como en nuestro sustento.

Pero como en todas las crisis, y esta no iba a ser una excepción, el impacto que provocan no se reparte de manera equitativa entre la población. Si desde una perspectiva sanitaria las estadísticas muestran que el coronavirus se ha cebado con nuestros mayores, ¿a quién pensáis que ha afectado en mayor medida el rápido y profundo deterioro del mercado laboral en Menorca?

El coronavirus provoca un cambio radical de escenario laboral para 2020

Situémonos a finales del mes de febrero. Tal y como hemos apuntado con anterioridad las perspectivas económicas para 2020 eran buenas y había confianza en que ello tendría su reflejo en el mercado laboral menorquín.



Las comparativas interanuales del paro para el mes de febrero eran positivas para los menores de 40 años (-1,6%), especialmente para las mujeres (-2,3%). Sin embargo, vemos como al cabo tan solo de dos meses la covid-19 ha frustrado las perspectivas laborales de los jóvenes, y esperemos que solo sea de cara al presente ejercicio. Las cifras del paro de mayo recientemente publicadas no dejan lugar a dudas:



El paro en Menorca se más que duplica en mayo de 2020 con respecto al mismo mes del año anterior, afectando en mayor medida a los menores de 40 años

En términos globales, a 31 de mayo, el desempleo en Menorca pasa de afectar a 2.648 personas en 2019 a hacerlo a 5.531 en 2020, o sea, un 108% más.

Por sexo y grupos de edad, observamos que son los hombres menores de 40 años quienes proporcionalmente se han visto más afectados por el parón casi total de la actividad económica a lo largo de los dos últimos meses. De esta manera, si en 2019 los desempleados pertenecientes a este colectivo lo integraban apenas 375 individuos, al cabo de doce meses se han triplicado hasta alcanzar la cifra de 1.173 (+212,8%). En cambio, en cifras absolutas son las mujeres menores de 40 años las que han visto como más de 800 de ellas han pasado a engrosar las listas del paro de mayo. Si en 2019 eran 680, tras un año han pasado a ser 1.499 (+120,4%). Por su parte, los efectos de la crisis sobre las cifras de paro de los mayores de 40 años, aunque siguen siendo tremendas, no muestran la magnitud de las anteriores. Esto es así porque un año atrás ya se partía de unas cifras de paro superiores a las de los menores de 40 años. En el caso de los hombres, eran 644 los mayores de 40 sin trabajo. En mayo de 2020, son 1.234 (+91,6%). En cuanto a las mujeres mayores de 40 desempleadas, han pasado de 949 a 1.625 (+71,2%) en el mismo período. Aunque representa el menor incremento en términos porcentuales, se trata del colectivo donde se concentra el mayor número de personas sin empleo.

La pregunta ahora es: ¿cuánto de este incremento de desempleo va a convertirse en paro estructural y sobre quiénes va a recaer?

Si bien resulta lógico esperar que una parte significativa de las personas que han pasado a engrosar las cifras del paro durante el confinamiento vayan recuperando sus empleos a medida que se reactive la actividad económica (y parece que va a hacerlo más rápido de lo que podíamos suponer hace pocos días atrás), también lo es pensar que un buen número de personas habrán perdido definitivamente su actual empleo como consecuencia del cierre o desaparición de la empresa en la que trabajaban.

No quiero ser agorero, pero me temo que, como en crisis anteriores, quienes van a pagar el pato de la destrucción de empleo van a ser de nuevo los más jóvenes.

Urge, por tanto, como defendía en mi anterior post, la realización de un diagnóstico en torno al grado de exposición de las pymes menorquinas a las consecuencias derivadas de la crisis del coronavirus. Entiendo que se trata de una información esencial para estimar el número de negocios que van a desaparecer, si desde las instituciones públicas no se adoptan decisiones valientes, y cuáles van a ser los sectores y ocupaciones que van a verse más afectados por los cierres.

Dejo, para la reflexión, el enlace a un artículo de opinión del economista y escritor Fernado Trias de Bes publicado en el diario Expansión, en el que aboga por suplir, temporalmente, con ayudas públicas masivas las rentas familiares de la caída de actividad real. La novedad es que propone hacerlo a través de las empresas, y no a través del SEPE como suele ser lo habitual, para evitar al ciudadano verse en suspensión de empleo y asegurar la liquidez empresarial.

Al igual que Trias de Bes, me parece incomprensible la tibieza de las ayudas destinadas a sostener al tejido productivo. Así lo apunté cuando cuestioné, en el post que ya he citado anteriomente, el diseño de las convocatorias de ayudas para el mantenimiento del tejido empresarial y comercial de los municipios de la Isla, que contemplan ayudas entre los 350 euros, para los negocios de temporada, y los 700 euros, para los establecimientos abiertos un mínimo de ocho meses. Coloquialmente, podríamos decir que, con esto, «no hay ni para pipas».

El tiempo juega en nuestra contra y cuanto más se tarde en adoptar medidas contundentes encaminadas a salvar al mayor número posible de pymes, mayor va a ser el impacto en términos de destrucción de empleo que va a producirse y que, como hemos podido constatar en este artículo, va a concentrarse, una vez más, en la población más joven.

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