Justo en el momento que encaramos la séptima semana de confinamiento, el Presidente del Gobierno Pedro Sánchez nos comunica, ¡al fin!, un plan de desescalada o de transición, establecido en cuatro fases, que nos conducirá en un plazo estimado de ocho semanas, si no surgen contratiempos que se materialicen en un repunte en los contagios, a lo que el Presidente denomina una «nueva normalidad».
Entre lo que sabemos con certeza figura que el camino hacia esta «nueva normalidad» se realizará de forma gradual y asimétrica, es decir, el Ministerio de Sanidad decidirá cada dos semanas, porque es el tiempo de incubación del coronavirus, qué territorios pasan a la siguiente fase del plan de transición y se hará diferenciando por provincias e islas, lo cual nos hace albergar esperanzas de que Menorca puede encontrarse entre los territorios que avancen hacia el desconfinamiento a mayor ritmo.
Me parece llamativo observar el uso que se hace del lenguaje por parte de los responsables políticos para comunicar sus mensajes e ideas bajo circunstancias extremas y de enorme incertidumbre como las que estamos viviendo. Los términos «nueva normalidad», «distanciamiento social», «hibernación económica» son, a mi modo de ver, una manera de anticiparnos y prepararnos para el conjunto de renuncias y pérdidas derivadas de la crisis y que deberíamos asumir entre todos.
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