Durante las próximas semanas veremos cómo cada sector económico se las ingenia para ir saliendo, de forma paulatina, del estado de «hibernación económica» decretado por parte de las autoridades públicas para hacer frente a los riesgos de expansión de los contagios por el coronavirus.
Resulta obvio que las consecuencias que se han derivado de la declaración del estado de alerta no han sido las mismas para todos los sectores productivos. Entiendo que no hace falta incidir más en este aspecto puesto que es bien conocido por todos. Lo que sí me cuestiono es que podamos calificar de hibernación a la situación actual de muchas actividades empresariales que se han visto obligadas a echar el cierre por la crisis de la Covid-19.
Sin embargo, desde mi punto de vista la situación actual de la mayoría de empresas dista mucho de asemejarse a un estado de hibernación, tras el cual van a recuperarse con normalidad los niveles anteriores de actividad económica, por los motivos que expondré a continuación.
Sin capacidad de reacción ante una crisis inesperada
El Diccionario de la lengua española de la RAE define “hibernación” como: “estado fisiológico que se presenta en ciertos mamíferos como adaptación a condiciones invernales extremas, con descenso de la temperatura corporal hasta cerca de 0° y disminución general de las funciones metabólicas”. Visto así, observamos ciertas similitudes entre esta acepción del concepto de hibernación y el estado actual de muchos negocios, que ha dejado a muchos de sus gestores helados al ver como sus ingresos caían, de la noche a la mañana, prácticamente a 0 y han asistido, atónitos, al proceso por el cual una crisis sanitaria, que nadie vio venir, haya provocado que la primavera que estaba a punto de llegar se haya convertido en un crudo invierno económico.
A diferencia de lo que sucede en la naturaleza, donde los animales se preparan durante semanas, incluso meses, para afrontar el período de hibernación, la irrupción del coronavirus ha provocado un brusco e inesperado deterioro de las condiciones de mercado que ha dejado a muchas empresas sin la capacidad de generar los recursos y las reservas necesarias, en forma de recursos financieros, para subsistir mientras se prolongue dicha situación.
Otra razón por la cual no es admisible catalogar como estado de hibernación a la situación por la que pasan, a día de hoy, muchas empresas es que el panorama económico que van a encontrarse a medida que abandonen el parón de actividad al que han sido sometidas distará mucho de ser el adecuado para recuperar los niveles anteriores a la crisis. Pensemos que cuando un animal sale de su letargo, la naturaleza es generosa con él y le ofrece recursos en abundancia para que pueda recuperarse rápidamente del período durante el cual no ha necesitado alimentarse gracias a la reducción de sus funciones metabólicas.
La isla de Menorca: un territorio habituado a hibernar cada año
Por los argumentos expuestos hasta ahora, vemos que no podemos calificar la situación económica actual de hibernación puesto que carece de los rasgos que hemos visto que caracterizan este estado: es previsible y ofrece la oportunidad de prepararse para afrontarlo con éxito, tiene una duración determinada y, una vez finalizado, el entorno ofrece una abundancia de recursos para alcanzar rápidamente los niveles de actividad necesarios para alcanzar la rentabilidad deseada. Ninguno de estos aspectos se da en las actuales circunstancias.
En cambio, sí los observamos en actividades estacionales o de temporada como las que se desarrollan en la isla de Menorca.
En condiciones normales, durante la temporada turística los negocios con una actividad estacional obtienen los recursos suficientes para hibernar durante los meses de inactividad. Este período es distinto de un territorio a otro y depende, en mayor o menor medida, de las condiciones climatológicas y del tipo de actividad que se desarrolle en el mismo. En el caso de Menorca, la actividad turística suele parar en el período comprendido entre octubre/noviembre, de un año, y abril/mayo, del siguiente. Se trata, pues, de un período con una duración determinada y conocida de antemano, para el cual las empresas pueden prepararse mientras esperan el momento de inicio de la nueva temporada turística para reactivar su actividad. Por tanto, el estado en el que entran las empresas turísticas que operan en Menorca al finalizar una temporada sí lo podemos asimilar a un estado de hibernación, del cual empiezan a salir cuando el clima benigno de la primavera atrae a los primeros turistas.
Una temporada turística 2020 llena de incertezas que dará paso a un período de hibernación mucho más duro de lo habitual
Sabemos que la temporada turística 2020 que, de hecho, debería estar iniciándose por estas fechas, si llega a producirse, lo va a hacer con un enorme retraso. Los más optimistas esperan la llegada de turistas nacionales a partir del mes de julio, mientras que los más pesimistas ya dan la temporada por perdida y descartan abrir sus negocios porque temen perder dinero si lo hacen.
Sin duda alguna, la aparición de la crisis del Covid-19 se ha producido en el peor momento para una economía como la de Menorca que se sustenta fundamentalmente en el turismo. Las enormes incertezas en torno a cómo se va a desarrollar la temporada turística tendrá su primer reflejo en las estadísticas de paro de abril, que conoceremos a principios de mayo. A pesar de que se espera que los datos sean muy negativos, no van a ser catastróficos, por el momento, por el efecto que supone que las personas afectadas por un ERTE no computan como desempleados.
El desarrollo de la actividad turística que, en el mejor de los casos, funcionará a medio gas durante un tramo muy corto de la temporada, impedirá que la mayoría de negocios engorden los suficiente sus estados financieros como para aguantar el período de hibernación que se iniciará con la llegada del otoño y que va a resultar muy duro.
A mi modo de ver, el verdadero reto para muchas empresas menorquinas consistirá en superar los largos meses del próximo invierno con la mirada puesta en la temporada turística de 2021, que confiemos que pueda iniciarse en las fechas habituales, aunque sea bajo esta «nueva normalidad» que ha llegado para quedarse, al menos durante un tiempo.
En un próximo post voy a hablar en torno a los riesgos a los que deberán hacer frente los empresarios una vez que las administraciones retiren los estímulos económicos y financieros que han puesto en marcha con motivo de la crisis del coronavirus.
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Ilustracion diseñada por slidesgo / Freepik