Han transcurrido dos meses desde que se decretó el estado de alarma y aún nos cuesta a todos asimilar cómo un bicho tan diminuto ha sido capaz de alterar por completo nuestro estilo de vida, que por algo el ser humano es un animal de costumbres, mientras que andamos ocupados en buscar la manera de recuperar algo de nuestra libertad arrebatada a medida que nos permitan avanzar de una fase a otra de las establecidas en el plan del Gobierno de España para la desescalada.
A medida que la crisis sanitaria va remitiendo, las miradas empiezan a dirigirse hacia los efectos negativos que la pandemia va a provocar en nuestra economía. Las consecuencias sociales y económicas que empiezan a vislumbrarse nos muestran un panorama desolador para miles de trabajadores y empresas. Todos los agentes implicados van tomando consciencia de que la economía española va a ser una de las más afectadas por el impacto de la crisis debido a su alta dependencia del sector turístico, aspecto que se acentúa en el caso de las Illes Balears y de Menorca, en particular. A diferencia de otras veces en las que nos hemos visto favorecidos por el hecho que el turismo iba como un tiro, en esta ocasión va a jugar claramente en nuestra contra.
Desde un punto de vista sanitario, las estadísticas nos muestran a las claras que el colectivo más afectado ha sido el de las personas mayores. Aunque no resulten tan obvias, observo ciertas señales que apuntan a que, desde un prisma socioeconómico, el colectivo que lo va a pasar peor será el de los jóvenes pertenecientes a la generación Z tal y como ya le sucedió a la generación Y o también llamada de los jóvenes ‘millennials’ con el estallido de la crisis financiera de 2008.
Veamos, pues, cuáles son mis razones para realizar esta afirmación.
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